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El Dr. Rodríguez Piedrabuena analiza los efectos del confinamiento sobre nuestro cuerpo

Dr. José Antonio Rodríguez Piedrabuena, especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis.
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Dr. José Antonio Rodríguez Piedrabuena, especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis.
sábado 02 de mayo de 2020, 12:56h
Se ha utilizado el cortisol durante la neumonía del COVID-19 porque puede frenar los esfuerzos desplegados por el sistema inmunitario mediante una cascada de citoquinas pro-inflamatorias. id:58115
La principal función del cortisol es la de bloquear la inflamación causada por cualquier tipo de daño. La inflamación es inhibida por parte del cortisol, en las primeras etapas, durante las que se liberan gran cantidad de sustancias que activan el proceso inflamatorio y aumenta el flujo sanguíneo y la salida de plasma en la zona dañada (edema) dando lugar al trabajo defensivo de los linfocitos y las 18 sustancias que, como dardos, cañonazos y trampas posee el sistema inmune.

El confinamiento es un fuerte motivo para generar estrés, como lo es una dieta insuficiente en su valor nutritivo; también el desequilibrio producido por los oxidantes, el tabaco y el sedentarismo, o la influencia social y ambiental.

Cualquier tipo de estrés sostenido puede dar lugar a un aumento de la secreción de ACTH (hormona producida en la hipófisis que estimula las glándulas suprarrenales) desde la unidad funcional cerebro-hipotálamo, que actúa sobre la hipófisis, y desde ésta a las cápsulas suprarrenales, ellas producen la adrenalina (corticosteroides), también cortisol.

Todos los acontecimientos vitales van a parar al sistema límbico (conjunto de estructuras cerebrales que gestionan nuestras emociones e instintos fuera de la conciencia, si quieren, el inconsciente), que aumenta su actividad como consecuencia de un estrés mental, sobre todo en amígdalas que son un procesador primario de las amenazas: saltamos a la vista de una serpiente, o huimos ante un ruido súbito-, e hipocampo donde tenemos recuerdos atados a contextos; y desde el hipocampo, desde donde se emiten las señales hacia el hipotálamo (central reguladora de todo el sistema endocrino y su conexión con el sistema emocional) donde va a empezar la cascada hormonal del estrés.

Otro efecto que provoca el estrés es una reducción de la movilización de leucocitos y de la fagocitosis en la zona afectada. La fagocitosis por la que algunas familias de glóbulos blancos -linfocitos-, engloban y digieren virus, bacterias y células tumorales.

“Este virus no va matar tanta gente como mata el tabaco y la obesidad”

Muchos factores estresantes son percibidos e interpretados por el cerebro de distinta manera, por eso el estrés no afecta a todos por igual. Ante una situación como la que nos ocupa, debe producir reacciones de huida, de ataque, de lucha como en todas las situaciones de peligro. Dentro de un piso no se puede hacer nada de ello, entonces estamos inundados por las hormonas del estrés que van a disminuir la actividad de los linfocitos asesinos naturales, fuerza de ataque del sistema inmunitario.

Así que estar estresados, confinados, sedentarios, fumando o bebiendo, o desanimados, durmiendo poco, produce estrés. Vamos viendo las consecuencias del mismo en esta pequeña síntesis.

Efectos del cortisol producido por el estrés sostenido:

Nos produce estrés ver cómo se ha gestionado o previsto mal la pandemia por estos gobernantes, y mucho más pensar que estos mismos son los que van a tramitar algo más complicado: la salida de la crisis. En la empresa a los gestores, como estos, se los dimite. Nos produce estrés que en este pantano de muertos sigan queriendo ganar votos para asegurarse la poltrona e imponer su concepción dogmática de la vida colectiva, tratándonos como si fuéramos niños idiotas. No les importa el sufrimiento de miles de familias y de los ciudadanos a los que también nos afectan estos muertos y sus familias. Siguen en campaña electoral cada vez que abren la boca: mentiras o medias verdades, propaganda… ¡Uf!, mucho estrés exógeno.

Se han aislado no acudiendo a las Cortes y al Senado y preservándose frente a contagios por “el extremado valor” que se atribuyen. Pero lanzan sin protección a los sanitarios y servidores del orden. El Ministro de Bienestar Social deja morir en sus residencias de mayores a los que “ya no tienen valor social” y, ocasionan mucho gasto en pensiones. Aunque es tan caritativo que quiere que dejemos de trabajar y que el Estado nos mande la renta a casa.

El tabaco y los estancos están abiertos, pero a los libros se les cierran las puertas. Produce estrés ver lo que están valorando: desde luego no a los sanitarios, ni a los ancianos. Paseo a mi perro, pero no a mi niño. Como a tontos se nos ocultan los muertos.

El estrés por la reducción de la movilidad y el estado de confinamiento induce a la disminución de las proteínas celulares, se bloquea la hormona del crecimiento, que se encarga de la producción de los millones de células nuevas cada día. Tenemos un billón de células inmunitarias. Nos cansamos con facilidad porque están disminuyendo las centrales de energía celulares, las mitocondrias que aumentan con el ejercicio.

El cortisol produce estos efectos en todas las células, menos en las hepáticas. Provoca una disminución de la síntesis de proteínas debido a que el cortisol deprime la formación de ARN (que es un paquete de instrucciones, de ordenes para fabricar las proteínas y una disminución del transporte de aminoácidos hacia el músculo). Si existe mucho cortisol el músculo puede llegar a la pérdida de su masa.

“Solo el cuidado global de nuestro ser en los aspectos anímicos, físicos y nutricionales es lo que contribuye a la homeostasis: al cuasi equilibrio vital de todos sus componentes”

Podemos engordar en este “arresto” domiciliario, por disminución de la utilización de la glucosa: el cortisol produce este efecto en las células de todo el organismo. No se utiliza bien la glucosa de los alimentos y nos sube su nivel en sangre. Porque el cortisol inhibe la utilización de glucosa por las células. Sabemos que las personas que toman cortisona engordan, pues además lo empeoramos con los dulces y pasteles. De ahí la necesidad de que consumamos carne, pescado, lácteos, huevos, frutos secos, frutas, legumbres, verduras y aceite de oliva. Necesitamos 50 elementos nutricionales. Estos alimentos citados nos aportan: vitaminas, minerales, proteínas y grasa; todo ello necesario para el buen funcionamiento de todos los órganos corporales (uno más de ellos es el sistema inmunitario).

Se están cometiendo muchos errores con dietas de restricción, como los batidos detox o las muy inadecuadamente llamadas leches vegetales. La falta de grasa en la dieta produce estrés. Tenemos la mejor: el zumo de aceitunas.

El sistema inmunitario es un órgano corporal más, y no puede ser aumentado por separado mediante algún suplemento o dieta, porque forma unidad funcional con el sistema nervioso, el glandular, el estado nutricional, con el hígado, con el sistema neuroendocrino, el muscular y el sistema óseo. No se pueden separar ni potenciar por separado.

Como digo, el sistema nervioso cerebral forma una unidad con el inmunitario. Los linfocitos reciben, acogen y ellos mismos producen hormonas y neuromediadores. El cerebro tiene puertas de entrada -receptores-, en sus células para las citocinas producidas por los linfocitos. Los linfocitos asesinos reciben a los opioides del sistema nervioso y producen la hormona del tiroides TSH, así como ACTH. Tienen entradas, receptores, para corticoides, insulina, testosterona, hormona del crecimiento, estrógenos…, para todas estas sustancias.

El sistema simpático -que nos pone en alerta- influye en el actuar del sistema medular para la fabricación y producción de células T citotóxicas y de síntesis de anticuerpos. Todo esto nos demuestra que la mente, las emociones, que el cerebro y el sistema neuroendocrino forman una unidad.

Si decimos que el estrés actúa sobre el cerebro y este sobre las glándulas suprarrenales que liberan cortisol y adrenalina, pues bien, las células del sistema inmunitario también secretan ACTH, la hormona master que actúa sobre la hipófisis. Por tanto, el sistema nervioso, el endocrino y el inmunitario forman una unidad.

El cortisol en exceso, que muchos confinados lo tendrán, puede conducir también a la hipertensión, por causa de retención de sodio y excreción de potasio, por lo que los hipertensos van a ver agravado sus síntomas si no hacen ejercicio, además de incrementar el colesterol “malo”, que se deposita en las arterias, previo estado inflamatorio.

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Esto se puede contrarrestar con el ejercicio físico diario, de al menos 40 minutos, que incrementará las citocinas antiinflamatorias, nos bajará la posibilidad de que el colesterol se transforme en un ataque al sistema circulatorio, porque incrementa el HDL que lo lleva al hígado y se transforma en parte de la bilis que acaba en las heces.

Los niveles aumentados de cortisol ejercen un efecto adverso en los niveles de testosterona. También por sus efectos sobre el tiroides va a incrementar la acumulación de grasa preferentemente en la zona abdominal.

En definitiva, el estrés, puede llegar a producir una acusada atrofia del sistema inmunitario; en consecuencia, el individuo que lo sufra tendrá una mayor disposición a adquirir enfermedades infecciosas y a defenderse mal si ya las tiene. También alteraciones del sueño, del apetito, del estado de ánimo que mejoran con el ejercicio: el mejor medicamento contra el estrés, porque mejora la memoria, incrementa el riego cerebral, sube el HDL y baja el DLH, alarga la vida, previene las enfermedades cardiovasculares. Es la mejor píldora para la salud global.

José Antonio Rodríguez Piedrabuena
Especialista en Psiquiatría y Psicoanálisis. Especialista en formación de directivos, terapias de grupo y de pareja.

Fuente: proacomunicación

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