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Observadores Permanentes y la OEA: Valores compartidos, progreso conjunto
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Observadores Permanentes y la OEA: Valores compartidos, progreso conjunto

miércoles 03 de enero de 2018, 10:43h
71 países, 87 programas, 45 años resumen el compromiso que los observadores permanentes han mostrado con la OEA, sus países miembros y los valores que todos ellos comparten.
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En 1971, la Asamblea General de la OEA aprobó la resolución que dio paso a la creación de la condición de observadores permanentes, una figura que desde ese momento ha permitido a países fuera de la región participar, contribuir y reforzar los principios, objetivos y programas de la Organización. En ese momento se abrió un universo de oportunidades de cooperación que no solo traspasaría fronteras, sino también océanos y culturas.

Hoy, son países observadores de la OEA España, Francia o Italia, por ejemplo, naciones con fuertes e históricos lazos con la región. Pero también lo son otros tradicionalmente menos asociados con las Américas, como Azerbaiyán, Benín, Islandia, Letonia, Eslovenia, Sri Lanka y Yemen. Todos ellos, sin embargo, tienen en común haber estrechado los lazos con el continente americano a través de la OEA.

España fue el primer país que en 1972 obtuvo la condición de observador y el primero en crear una representación permanente con un Embajador. Luego, ese mismo año le siguieron Israel, Holanda, Italia, Francia, Alemania y Bélgica. En los siguientes 44 años se han sumado otros 64 países que, con el mismo espíritu, han participado y apoyado la labor de la Organización, logrando ampliar el impacto de su cooperación internacional.

Ganancia de doble vía

Los Observadores Permanentes son socios clave para llevar a cabo la misión de la OEA, brindando apoyo a los programas y conectando las Américas con la comunidad global. A través de su participación en la OEA, los observadores impulsan los esfuerzos de la Organización para fortalecer la democracia, defender los derechos humanos, asegurar un enfoque multidimensional de la seguridad y fomentar el desarrollo integral.

Desde el apoyo a iniciativas de ciberseguridad y registro civil, hasta programas de asistencia en desastres y misiones para la promoción de la paz y la lucha anticorrupción, los observadores han dado un apoyo esencial para alcanzar los principales objetivos planteados por los países miembros de la Organización regional. Es así como entre 2015 y 2016, las contribuciones de los observadores a los programas de la OEA sumaron más de 31 millones de dólares, lo cual demuestra el valor y la confianza que depositan en ella como socios en la búsqueda de soluciones para enfrentar los desafíos más apremiantes no sólo de la región, sino también a nivel global.

Pero la cooperación de la OEA con los Observadores Permanentes va más allá de contribuciones financieras dedicadas a proyectos específicos y áreas prioritarias; también abarca asistencia técnica, becas académicas, oportunidades de formación profesional y el intercambio de mejores prácticas y de experiencias de país a país, visitas de campo y entrenamientos para funcionarios de los Estados miembros, entre otras actividades.

Los frutos de la cooperación OEA-Observadores se evidencian en programas e iniciativas que han tenido resultados concretos y un impacto directo en la vida de millones de habitantes del hemisferio. Ejemplo de esto son:

  • La creación de la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) en 2016, con la cual se ha logrado mejorar la calidad de los servicios prestados por el sistema de justicia y en la prevención de la corrupción y la impunidad.
  • Avances en la promoción de medidas de confianza mutua en diferendo territorial entre Belize y Guatemala.
  • La Misión de Apoyo al Proceso de Paz (MAPP) en Colombia que ha monitoreado, acompañado y verificado el proceso desde 2004.
  • Desde 2015, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha podido procesar 52.013 documentos y ha recibido 1.089 nuevos peticiones gracias a la implementación de un sistema electrónico individual de peticiones.
  • La creación de la Relatoría Especial para los derechos económicos sociales culturales y ambientales.
  • Fortalecimiento del programa de Universalización de la Identidad Civil en las Américas (PUICA ) por medio de proyectos que se han implementado en 19 países miembros y que han ayudado a ampliar la cobertura de registros de nacimiento, lo que ha contribuido a que el subregistro de menores se reduzca del 11% en 2008 al 6% en 2016.
  • El fortalecimiento de la Red Interamericana de Administración Laboral (RIAL) que promueve el trabajo decente, digno y productivo entrenando a más de 1.000 servidores públicos, y que cuenta con 140 programas de cooperación en el tema laboral.
  • El programa de facilitadores judiciales que hoy se encuentra implementado en 8 países donde 12,541 facilitadores ofrecen información guía y colaboración con las autoridades para resolver temas judiciales a nivel local.
  • La creación de la Red de Recuperación de Activos en el Caribe que facilita los procesos de identificación, congelación y confiscación de activos.
  • El desarrollo de 6 estrategias nacionales de ciberseguridad en la región y la ampliación a 21 de los países de la región que cuentan con equipos de respuesta rápida a incidentes de seguridad informática
  • Creación de la Red Interamericana de Educación Docente, que ha colaborado con 17 Ministerios para promover la educación profesional de los docentes, logrando llegar a más de 23.000 educadores.

Por otro lado, el status de observador, permite a países fuera del hemisferio acceder a un foro diplomático multilateral diverso en medio del cual contribuyen al rico diálogo sobre temas internacionales. En un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, el trabajo con los observadores permite fomentar y trazar una nueva era de colaboración para la paz, la seguridad y el desarrollo en las Américas.

Cada año, la Asamblea General de la OEA ofrece una plataforma de diálogo entre los países miembros y los países observadores. En el contexto de este encuentro hemisférico las autoridades de los países observadores presentan sus visiones y prioridades de lo que significa para ellos la cooperación con la OEA y de cómo esperan continuar fortaleciendo el trabajo con la Organización.

Al ver crecer año a año el interés de naciones físicamente lejanas por acercarse a la región de las Américas mediante un socio como la OEA, se hace evidente que los lazos de cooperación que unen al hemisferio con el resto del mundo son precisamente aquellos en los que la OEA ha puesto su esfuerzo: promover el desarrollo, la paz, la prosperidad y la igualdad de derechos para todos. El voto de confianza que 72 naciones han depositado en el trabajo de la Organización trae consigo un compromiso muy alto, uno que es entendido y valorado más allá de lo que hoy conocemos como las fronteras marcadas por el Pacifico y el Atlántico y que da un renovado sentido a la palabra “asociación”.

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