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El retraso en el streaming aumenta un 38% la frecuencia cardíaca
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El retraso en el streaming aumenta un 38% la frecuencia cardíaca

martes 21 de mayo de 2019, 10:23h
La interacción con los sistemas digitales provoca que los individuos tengan muy poca tolerancia a la demora. id:45541

Uno de cada tres hogares españoles con acceso a internet está suscrito, como mínimo, a una de las distintas plataformas audiovisuales de pago en reproducción en línea (streaming), según indica un informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El negocio de la reproducción en línea ha aumentado en menos de una década en audiencias, producciones y servicios; en Estados Unidos, líderes en este tipo de plataformas, ya hay más de cien servicios diferentes de video on demand (VoD). «Entretenimiento y tecnología están a merced de estos nuevos agentes y todo ello ha contribuido a popularizar un modelo de consumo audiovisual inmediato, asequible y a demanda», afirma Elena Neira, profesora de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC y autora –junto a la profesora Judith Clarés, de los mismos estudios– del libro La revolución over the top. Del vídeo bajo demanda (VOD) a la televisión por internet, de Editorial UOC.

«Este tipo de plataformas han impuesto dos grandes cambios», afirma Elena Neira. «Uno: apuestan por el consumo instantáneo y sin esperas». La retención de los usuarios se sustenta en el uso activo que hacen del servicio, no por la anticipación de un estreno o de un lanzamiento como hacen las grandes cadenas clásicas. «El segundo se basa en el cambio de paradigma, pasamos de pagar por poseer a pagar por acceder. Ya no es necesario tener la propiedad del bien físico o descargar el archivo digital para poder disfrutarlo; así, los elementos del modelo de la escasez (propiedad, valor del formato y tiempo) dejan de ser útiles para imponer un precio mayor», afirma Neira. Se ejemplifica en cómo las plataformas audiovisuales estrenan de golpe todos los capítulos de una nueva temporada; en la disponibilidad en las plataformas musicales para acceder a nuevos álbumes o en cómo en las plataformas de suscripción de libros (como Kindle Unlimited) se pueden leer títulos recién publicados. Según Netflix, en el mundo hay 8,4 millones de personas que devoran una serie el día de su estreno de un solo golpe (se les conoce como binge racers); esta cifra se ha multiplicado por veinte entre 2013 y 2016. «El usuario tiene menos paciencia a las esperas, es más ansioso y más intolerante a los sobreprecios», advierte Neira.

Usuarios más ansiosos

Cuando la tecnología de la reproducción en línea falla, el usuario sufre. Las pausas o retrasos durante una reproducción de un vídeo en un móvil aumentan la frecuencia cardíaca de media un 38 %, así lo revela el informe Ericsson Mobility Report MWC. «Estamos acostumbrados a obtener la información en el momento y a que nuestra interacción, sobre todo en sistemas digitales, sea sin retraso: tenemos muy poca tolerancia a la demora», afirma Diego Redolar, neurocientífico y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC.

El estudio medía la actividad cerebral, los movimientos oculares y el pulso de los usuarios mientras completaban diferentes tareas viendo vídeos en streaming. «Esta es una respuesta normal ante una situación que incrementa la resistencia del sistema nervioso, el usuario está esperando y esa espera lo angustia, el vídeo va lento y esto hace que se active el sistema nervioso simpático y se desencadene ese tipo de cambios fisiológicos», afirma Redolar. Según el estudio, los niveles de estrés provocados por las pausas en la reproducción se asimilan a la situación de estrés que supone ver una película de miedo.

«Cuando comenzó internet, los módems de 56 kB tardaban 2, 3 o 4 minutos en cargar una página web. Esto ahora es impensable para quienes no son nativos digitales y para quienes sí lo son. Estas generaciones más jóvenes están aún más acostumbradas a la inmediatez y no solo en la tecnología, se han construido en base al “right here, right now” desde pequeños y por tanto tienen menores niveles de tolerancia a la tardanza», advierte Redolar.

¿Más oferta, más frustración?

En 2015 en España aterrizó primero Netflix y poco después lo hicieron HBO y Amazon y ofrecieron una combinación ganadora: un modelo de suscripción mensual a un precio ajustado, Netflix y HBO por 7,99 € y Amazon Prime Video (integrado dentro de su tarifa plana de envíos, por 4,99 € al mes o 36 € anuales). Amazon Video por 4,99 € al mes. Les siguieron plataformas de otros sectores como el musical, como Spotify con una cuota mensual de 9,99 €. «Esto ha supuesto decir adiós al pago por único contenido o al peaje de la publicidad, una estrategia centrada en una óptima experiencia de usuarios y la apuesta por el contenido original de calidad», afirma Neira.

«La multiplicidad de plataformas ofrece más posibilidades pero también contribuye a que cada vez sea más difícil para el espectador saber de la existencia de una serie», explica Neira. Según la revista Fortune, si los estadounidenses decidieran suscribirse a todas las plataformas de reproducción en línea disponibles gastarían 115 dólares al mes, diez veces más de lo que supone un único servicio. En Estados Unidos, país líder en este tipo de plataformas, el 47 % de los usuarios americanos están frustrados por el número creciente de suscripciones y servicios requeridos para ver lo que quieren, según afirma un estudio de Deloitte. «En la base de esta frustración se encuentran dos hechos directamente vinculados al camino que está siguiendo el streaming: la saturación de plataformas, la vertiginosa rotación de estrenos que imponen, que hace cada vez más larga la lista de programas por ver, y el hecho de que la mayoría esté apostando por contenido original y exclusivo, lo que hace muy costoso (inviable incluso) el poder acceder legalmente a todas ellas», detalla Neira.

¿Se acaba la edad dorada del streaming?

A Netflix, la abeja reina del mercado con 150 millones de suscriptores, le aparecen cada vez más competidores. Disney, que a finales de año anunciaba la retirada de su catálogo de Netflix y la compra de Fox (que incorporará sus propiedades intelectuales a los universos Pixar, Marvel y Star Wars), lanzará a principios del año próximo su propio servicio de streaming, Disney+. También se espera una plataforma direct to consumer por parte de AT&T, cuya adquisición de Warner Media ya ha sido autorizada por el tribunal de defensa de la competencia (y que tiene a HBO como joya de la corona).

Comcast, por su parte, se ha hecho con el control de la televisión de pago Sky. Y Apple anunciaba en primavera el lanzamiento de Apple TV Channels (un agregado de suscripciones) y Apple TV + (una plataforma de streaming bajo el que se explotarán comercialmente contenidos exclusivos con showrunners tan potentes como Steven Spielberg, Ron Howard, Shamalan o Sofia Coppola). Amazon, además de ultimar la precuela seriéfila de El Señor de los Anillos, ha anunciado que gastará más de 5.000 millones de dólares en contenidos audiovisuales para su plataforma.

«La pelea por ofrecer un contenido original y exclusivo se está recrudeciendo y eso favorece de momento a Netflix, la plataforma pionera, que por el momento es la que más se ha dedicado en tiempo y recursos a ganar cuota de mercado y a trasladar al espectador medio la percepción de que cuentan con un catálogo muy amplio de ocio y entretenimiento», afirma Neira. «Aunque esto es más difícil cada día que el espectador sepa de la existencia de una serie», explica Neira.

«El mercado del contenido audiovisual está cada vez más saturado. Tiene un importante reto y su aguante dependerá del dinero que puedan invertir estas compañías, la capacidad que tengan para escalar en el negocio globalmente y para sobrevivir con escasos márgenes», analiza Neira.

La experta

Elena Neira, Profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.

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