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Levon Kameryan, Scope Ratings.
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Levon Kameryan, Scope Ratings.

Déficit por cuenta corriente en los países de la UE: ¿Ventaja o lastre?

OPINIÓN: Por Levon Kameryan, analista de rating soberano de Scope Ratings

miércoles 20 de noviembre de 2019, 17:25h
Varios países europeos están registrando déficits por cuenta corriente. Estos tienden a ser vistos como negativos, aunque no necesariamente pueden indicar algo preocupante. Sin embargo, es fundamental comprender qué es lo que da lugar a tales déficits. id:52291
La balanza por cuenta corriente de un país suele mencionarse en el contexto de la balanza comercial y puede ser el resultado de un exceso o, alternativamente, de la falta de bienes y servicios que hay que importar, de una base de exportaciones no competitiva y no diversificada y/o de factores cíclicos, como las relaciones comerciales. Sin embargo, la cuenta corriente contiene otras dos partidas: las rentas primarias (por ejemplo, los dividendos) y las rentas secundarias (como las remesas que los inmigrantes envían a sus países).

Los déficits por cuenta corriente que a menudo se observan en algunos países de la UE pueden depender de algo más que del intercambio de bienes y servicios.

En primer lugar, los déficits por cuenta corriente podrían indicar que el ahorro nacional de un país es inferior a sus inversiones. Por ejemplo, la mayoría de los países en desarrollo carecen del capital necesario para financiar las inversiones en infraestructura. En segundo lugar, los déficits de la balanza por cuenta corriente podrían ser la consecuencia de las decisiones de préstamo que permiten un estable consumo a través de las generaciones. Las economías envejecidas pueden ahorrar más de la inversión requerida por la economía nacional y, por lo tanto, pueden buscar oportunidades de inversión en el extranjero.

Por lo tanto, tanto los países prestatarios como los acreedores podrían beneficiarse en cierta medida de la existencia de déficits y superávits por cuenta corriente modestos. Aquí, la sostenibilidad a largo plazo de los déficits por cuenta corriente depende, no sólo de su mera existencia, sino más bien de sus determinantes subyacentes y de sus fuentes de financiación.

Los déficits por cuenta corriente financiados por inversiones extranjeras directas a largo plazo suelen generar beneficios a lo largo del tiempo y podrían aumentar la capacidad productiva de una economía. Por el contrario, el endeudamiento a través de “dinero caliente” (“hotmoney” o inversiones extranjeras a corto plazo) invertido en capital o deuda puede tener efecto a muy corto plazo y, por lo tanto, podría dejar la economía propensa a sufrir desinversiones repentinas en momentos de incertidumbre del mercado.

La misma lógica se aplica a la importación de bienes de capital frente a los bienes de consumo. Los largos períodos de persistentes déficits por cuenta corriente pueden ser insostenibles, especialmente frente a las crisis económicas, cuando el acceso a la financiación externa puede disminuir o desaparecer. Por lo tanto, la inversión de cualquier déficit momentáneo en usos productivos -que podrían dar lugar a un superávit por cuenta corriente a largo plazo- es clave.

Los déficits por cuenta corriente se convierten en deuda neta externa (a través de una Posición de Inversión Internacional Neta negativa o NIIP, por sus siglas en inglés), que debe ser reembolsada en el tiempo. Cuando la NIIP en relación con el PIB es significativamente negativa, dependiendo de la estructura de los pasivos externos y de las fuentes de endeudamiento, esto puede hacer que un país dependa de nuevas entradas de capital extranjero para financiar pasivos externos que vencen y puede conducir a la vulnerabilidad en el caso de una interrupción del acceso a los mercados mundiales.

En general, las posiciones exteriores de los Estados miembros de la Unión Europea han mejorado en los últimos cinco años, pero el progreso es desigual y revela una falta de convergencia. Sin embargo, la depreciación real del euro, la estricta política fiscal de la mayoría de los Estados miembros y el desapalancamiento de los sectores público y privado han contribuido en general a la mejora de las posiciones exteriores de los países de la eurozona durante este período.

Utilizando el criterio de la NIIP de un país en relación con el PIB, Grecia (BB/Positivo), Irlanda (A+/Estable), Chipre (BBB-/Estable), Portugal (BBB/Positivo) y España (A-/Estable) siguen siendo las economías más vulnerables de la UE. En cambio, los Países Bajos, Dinamarca, Alemania (los tres con calificación AAA/Estable) y Malta (A+/Estable) han mejorado sus sólidas posiciones como acreedores externos. Italia (BBB+/Estable) parece menos vulnerable a las incertidumbres externas que en 2014, mientras que el NIIP de Francia (AA/Estable) se ha mantenido en gran medida sin cambios y está a la zaga de los NIIPs de las economías más fuertes del continente.

En cuanto a la estructura de los pasivos exteriores, los países de Europa Central y Oriental - Hungría (BBB+/Estable), Bulgaria (BBB+/Estable) y Estonia (A+/Estable) - tienen uno de los porcentajes más altos de inversión extranjera directa en pasivos exteriores de Europa.

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