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Divertirse es legítimo, saludable y debe ser seguro

Divertirse es legítimo, saludable y debe ser seguro
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lunes 27 de julio de 2020, 08:25h
En las últimas semanas los rebrotes de coronavirus en España ya se cuentan ya por centenares. ¿Somos los españoles un pueblo responsable? La respuesta es que sí, absolutamente sí. id:61424
Cuando la pandemia ya se hizo evidente nos tomó a todos por sorpresa. En unas pocas semanas, pasamos de creernos una potencia económica mundial a enterarnos de dónde estamos en realidad. Con la misma velocidad desapareció la ilusión de tener la mejor sanidad gratuita del mundo cuando vimos los hospitales desbordados.

Pero lo importante es que la población ha tenido un comportamiento excelente al cumplir todos los reglamentos establecidos durante el estado de alarma. No se podía ir nada más que a la panadería, al quiosco, a la farmacia, a alguna tienda de alimentación -por aquello de comer- y al estanco a por tabaco. Pero ahora es el momento del juegging, una manera cómoda y segura -desde casa- de pasar un rato que nos sacará las preocupaciones de la cabeza.

Caso curioso este último tema de los estancos que ya por motivos de seguridad antiatraco tienen, desde hace años, todos instalados cristales blindados, mucho más eficaces que un simple plastiquito para que no nos contagiemos al toser. Pero no nos equivoquemos, no se dejaron abiertos por cumplir la mayoría de las normas seguridad sanitaria contra el coronavirus. Las autoridades podrán ser ineptas pero siempre queda alguien lúcido. Y esa persona con sentido común entendió que no se podía dejar sin su droga blanda a casi el cuarenta por ciento de los habitantes sin esperar un estallido social.

Como tampoco había ningún reglamento que prohibiese ir a la farmacia y después volver a casa y salir a hacer otro recado -a comprar comida y después al estanco. Así se podía pasar bastante tiempo en la calle. Pero todo el mundo lo hacía con gesto serio y preocupado. En aquellos días, la gente tenía miedo, cuando todavía contaban los muertos.

Los tiempos de confinamiento

El confinamiento fue aburrido para muchas personas, más especialmente aquellas que no saben qué hacer con su tiempo libre. Pero la gran mayoría aprovechó la desagradable circunstancia para estudiar -con los miles de cursos que muchas instituciones liberaron de forma gratuita-, leer, ver la televisión o pasar un rato agradable. Que una cosa es una pandemia no te deje salir a la calle -en realidad fue el gobierno el que paró el país, no la pandemia, con los resultados económicos que estamos viendo- y otra perder el tiempo.

Por eso, desde trabajadores sometidos a expedientes de regulación temporal de empleo hasta funcionarios requeridos a teletrabajar desde su casa, pasando por empleadas de la limpieza despedidas sin más, a los pocos días, descubrieron que el tiempo libre es una bendición si lo aprovechan para algo útil.

Y lo que no es útil es estar siempre dándole vueltas a cabeza, obcecándonos en descubrir qué más puede salir mal. Ya hemos hablado con todos nuestros contactos de Skype, ya hemos visto a nuestro nieto por WhatsApp varias veces al día, ya hemos buscado en Internet información fiable y no politizada sobre la situación -apenas la había en los primeros días y sigue siendo escasa- y solo nos apetece pasar un rato de sana diversión que nos libre de las preocupaciones.

De la noche a la mañana nos encontramos con un estado de alarma en el que el consumo de tabaco estaba consentido, a pesar de que un nuevo virus afectaba principalmente a las vías respiratorias, y penalizando el turismo por un ministro de Consumo que no sabe de lo que habla cuando se refiere a turismo, ni de otras cosas.

Las autoridades deberían saber que los propietarios de las tiendas más económicas -y no voy a decir más para que no me intenten tachar de racista- no tienen ningún pudor en exponer a la venta sus productos invadiendo la acera, impidiendo el normal tránsito de los peatones, sin pagar licencia municipal por ello y sin proteger la mercancía ni de la suciedad, ni de los insectos.

Las autoridades deberían saber que durante los días duros del confinamiento se seguía pudiendo comprar de todo, físicamente y por Internet. Cuando digo de todo me refiero a todo, incluidas sustancias ilegales.

Pero los que mandan tienen una fijación enfermiza contra el sector del juego a pesar de estar absolutamente regulado. Por supuesto, como era normal, los locales físicos se cerraron pero la campaña contra el juego online fue importante. ¡Qué obsesión por controlar lo que hacemos en casa cuando ellos son incapaces de saber lo que pasa en la calle!

Los españoles saben que el juego online es una diversión, no una forma de ganar dinero. El confinamiento no ha traído más ludópatas, pero sí personas mucho más responsables de lo que hacen con su tiempo. Lástima que en unos meses cientos de miles vayan a estar en el paro.

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