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El nuevo Renacimiento del Palazzo Serristori

Palazzo Serristori.
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Palazzo Serristori.
sábado 05 de diciembre de 2020, 09:35h
Luz verde a la recuperación de uno de los palacios renacentistas más importantes de Florencia, perteneciente a la noble familia de los Serristori, fieles aliados de los Medici. id:65908
Salón, Palazzo Serristori.
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Salón, Palazzo Serristori.

El magnífico Palazzo Serristori de Florencia, uno de los edificios renacentistas más importantes de la ciudad, con una ubicación única junto al Arno y cerca del puente Vecchio, con 5500 metros cuadrados de interiores y aproximadamente 3000 metros cuadrados de jardín, será completamente restaurado después de largos años de inactividad.

Adquirido el pasado mes de marzo por el grupo LDC de Taiwán (ya involucrado en Florencia en la remodelación de otro edificio de extraordinario valor histórico como es el palacio Portinari Salviati), se recuperará gracias a una impresionante restauración que comenzará a partir de la próxima primavera, para convertirlo en prestigiosos apartamentos de gran lujo, con precios que van de 2 a 7 millones de euros, y de cuya venta se encargará en exclusiva Lionard Luxury Real Estate. Cada uno de los apartamentos, todos adornados con frescos de época, dispondrá de zonas comunes, como el espectacular jardín con piscina y el spa.

La noble familia Serristori, cuyo ascenso se inició en la Edad Media, en el siglo XVI había alcanzado ya una posición de indiscutible riqueza y prestigio, debido especialmente a sus relaciones con los Medici, de los que fueron fieles aliados. La construcción del palacio se remonta a principios del siglo XVI, cuando Lorenzo Serristori quiso construir una magnífica residencia a orillas del Arno, donde anteriormente se situaba un pabellón de caza. A raíz de los documentos encontrados en el archivo Serristori, se supone que los arquitectos que diseñaron el núcleo original del edificio fueron los célebres Giuliano y Antonio da Sangallo, junto con Benedetto da Maiano, con quien ya habían diseñado el palacio Strozzi de Florencia y la villa de los Medici de Poggio a Caiano.

Posteriormente, con Averardo Serristori, embajador de Cosme I de Medici, vinculado a través de su gran amistad y admiración con el insigne escultor Miguel Ángel (a quien, según algunos estudiosos, se debe atribuir la preciosa escalera de caracol que aún se conserva, y que conecta el sótano con la última planta), el palacio se amplió con la adición del mayor jardín a la italiana de toda Florencia, todavía hoy visible a lo largo de la orilla izquierda del Arno.

A lo largo de los siglos, el palacio ha estado habitado por personajes ilustres como José Bonaparte, hermano de Napoleón, rey de España y de Nápoles, que se refugió en él durante el exilio con su familia, y por los nobles rusos Demidoff. En él se han alojado el papa León X Medici, cuyo escudo de armas del siglo XVI, en pietra serena, se conserva en el atrio principal, así como intelectuales y artistas de renombre internacional, como Giacomo Puccini, Gioacchino Rossini, lord Byron y Percy Bysshe Shelley, los compositores Richard Strauss y Richard Wagner, y la reina de Italia Elena de Saboya.

Al paso de los siglos y al cambio de los gustos han sobrevivido extraordinarios elementos originales del palacio, empezando por el magnífico salón de baile con frescos, el más grande y prestigioso de Florencia, con sus 250 metros cuadrados de superficie y 12 metros y medio de alto, más unos 150 metros cuadrados de vestíbulo, que se destinará a espacio común de todos los apartamentos y cuya construcción se remonta al siglo XVII, periodo en el que el palacio fue ampliado bajo la dirección del célebre arquitecto de los Medici, Buontalenti. Todavía ubicados en su lugar en el salón de baile, intactos y en funcionamiento, hay dos espléndidas lámparas de Murano del siglo XVIII, así como los suelos de madera originales, auténticas obras de arte. Lo mismo ocurre con el «Salón de los Espejos» y las chimeneas del palacio, realizadas en valioso mármol con el escudo de armas de los Serristori, o con la estufa de terracota vidriada de la fábrica Ginori, de la que solo existe otro ejemplar en el mundo.

A partir de las litografías del siglo XVI se puede ver cómo el palacio estaba inicialmente equipado con dos molinos, uno de los cuales es visible todavía hoy en el sótano. Entre las muchas curiosidades que caracterizan a este edificio, merece sin duda la pena recordar la existencia de algunos pasadizos secretos, uno de los cuales, parcialmente sacado a la luz, conectaba el palacio con la otra orilla del Arno.

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