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Estrategias en el conflicto más peligroso desde 1945:

Iniciativa y guerra perpetúa rusa contra el soft-power, la economía y la cohesión de occidente

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OPINIÓN: Rafael López del Rincón Jiménez; Máster en Relaciones Internacionales, por el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo-CEU. Licenciado en Relaciones Internacionales, con especialización en Estudios Rusos, por Saint Louis University, en EEUU. Su experiencia profesional incluye el haber trabajado en la Comisión Europea; el Departamento de Relaciones Exteriores del Tribunal de Cuentas Europeo; o el Departamento de Relaciones Ruso-Am

jueves 17 de marzo de 2022, 09:38h
En palabras del General Sir Richard Shirreff, Vice Comandante Supremo Aliado en Europa (DSACEUR), es decir, el número 3 en la jerarquía de la OTAN entre 2011 y 2014, nos encontramos inmersos en el escenario más peligroso desde 1945; peor aún que durante la ‘Crisis de los Misiles de Cuba’ de octubre de 1962. id:82003
Mientras, el Presidente Macron, el pasado 12 de marzo, pedía a los líderes europeos "prepararse para todas las posibilidades" tras su última conferencia telefónica con Putin.

Es por ello que la invasión de Ucrania, que a muchos expertos ha tomado por sorpresa, a pesar de las reiteradas advertencias de la administración Biden, hay que leerla en clave de lo que se denomina "Iniciativa Estratégica OODA". Una iniciativa que, aunque fue desarrollada en primer lugar por el Coronel de la Fuerzas Aéreas de EEUU, John Boyd, ha sido asumida por Rusia y se ha convertido en el eje vertebrador de su política externa (y también interna).

Esta Iniciativa Estratégica OODA, toma sus siglas del ciclo recurrente de la aplicación de Observar, Orientar, Decidir y Actuar; un ciclo que se retroalimenta continuamente y permite reaccionar más rápidamente que el oponente ante circunstancias cambiantes proporcionando una ventaja competitiva.

Aún más relevante, es que dicha iniciativa sirve para articular la visión estratégica fundamental de Putin, según Rebekah Koffler, ex-agente de la Agencia de Defensa de Inteligencia de EEUU. La visión de que siempre se está en guerra; y así se mantiene una confrontación constante con los adversarios aun en tiempos de paz.

Esta visión de la "guerra perpetua por todos los medios" se lleva a cabo con las tácticas de la guerra asimétrica, recurriendo a la ciberguerra, la intervención clandestina en las elecciones democráticas de otros estados, las 'fakenews' para generar polarización en las poblaciones rivales y sembrar la desconfianza en la solidez de sus instituciones y sus procesos democráticos, llegando a determinar resultados electorales como en Montenegro, financiar partidos populistas para debilitar posiciones políticas más moderadas, prestando apoyo a grupos insurgentes en terceros países, o llegando al asesinato o envenenamiento de políticos molestos (bien de la oposición, bien de otros países con posicionamientos políticos alejados de los intereses de Moscú) o periodistas "incómodos".

Así, mientras EEUU estaba más preocupado por la situación a corto plazo en Oriente Próximo y enfocaba sus intereses estratégicos a medio y largo plazo en el Lejano Oriente, preocupado por el resurgir de China y la probable confrontación por el control del Mar de China y los abiertos deseos de la anexión de Taiwán, Rusia tomó la iniciativa en su conflicto real, aunque no manifiesto, con el orden liberal liderado por EEUU y la OTAN.

Un conflicto que, como afirma el antiguo Secretario de Defensa de EEUU y Director de la CIA, Robert M. Gates, fue enunciado de manera patente y explícita por el mismísimo Sr. Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich, del 12 de febrero de 2007, ante una audiencia que incluía a los Senadores John McCain y Lindsey Graham de EEUU, a la Canciller alemana Angela Merkel y él mismo en su condición de Secretario de Defensa, y al que no dieron mayor importancia que la de una extraña pataleta sin mayores consecuencias, que desestimaron de inmediato por su dureza y por la extrañeza que les causó.

A ello, se sumó lo que Putin percibía como los signos patentes de una cada vez mayor debilidad manifiesta de Occidente.

Primero, cuando Occidente no reaccionó ante la invasión rusa de Georgia en 2008.

Segundo, cuando tras la invasión rusa de Crimea en marzo de 2014, Occidente tan sólo aplicó de manera renuente, y con numerosos signos de descoordinación, sanciones económicas que tardaron casi un año en implantarse, y que tampoco fueron objeto de una ejecución rigurosa; todo ello, a pesar de que se vulneraba flagrantemente el 'Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad', del 5 de diciembre de 1994, que garantizaba la seguridad y la integridad territorial de Ucrania por parte de las partes firmantes (EEUU, Rusia, Ucrania y Reino Unido) a cambio del desarme total de Ucrania de su arsenal nuclear (el tercero en del mundo en aquella época).

Tercero, cuando, tan solo un mes después de la invasión de Crimea, la administración Obama llevó a cabo la retirada total de Berlín de los cerca de 6.000 tanques estadounidenses, los cuales estaban estacionados allí desde 1945.

Cuarto, por la posterior renuencia de Obama a intervenir en Siria, a pesar del ultimátum que le había dado acerca del uso de armas químicas, el cual vulneró Bashar al-Ássad hasta en 216 ocasiones contra su propia población civil.

Y, quinto, por la reciente desastrosa retirada (casi desbandada) de las tropas de la OTAN en Afganistán, evidenciando una falta de sincronización total entre las distintas tropas pertenecientes a los diversos países que integran la Alianza Atlántica y que allí estaban desplegadas.

Así, precisamente, es en el marco de esta estrategia de Putin de guerra perpetua en el que unos pocos analistas interpretaron con acierto el significado de los ejercicios militares que Rusia llevó a cabo entre el 11 y el 15 de septiembre de 2018, y sobre los que se preguntaban si no eran los preparativos para no sólo realizar la invasión de todo el territorio de Ucrania, sino que eran el ensayo de una Tercera Guerra Mundial. Estos ejercicios militares, 'Vostok-2018', eran los mayores realizados por Rusia desde 1981 ('Zapad-1981'), y según el propio Ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, incluían 300.000 soldados; alrededor de 1.000 aviones; las dos flotas navales más importantes de Rusia, la Flota del Pacífico y la Flota del mar del Norte; la totalidad de las Fuerzas Aerotransportadas rusas, incluyendo 30 aeronaves y helicópteros de ala fija; así como incorporaba también tropas de China y de Mongolia.

Supuestamente, las condiciones de combate de este ejercicio eran las más similares posibles al combate real. Además, se realizaron ejercicios de simulacro para operaciones de combate nuclear; los cuales, algunos expertos, como Dr. Stephen Black, ya intuyeron en septiembre de 2018 que podrían tener como objetivo la disuasión de las fuerzas de la OTAN en caso de una invasión total de Ucrania, y así prevenir su participación militar en el conflicto.

De esta manera, y como dice el General Sir Richard Shirreff, la guerra entre Rusia y la OTAN empezó en Ucrania en 2014.

Sin embargo, al haber tomado Rusia la iniciativa en su conflicto con la OTAN desde hace unos cuantos años, ha partido con una ventaja estratégica sobre su rival en el escenario bélico actual de Ucrania, pues hasta el momento, Occidente tan solo ha podido reaccionar.

Ésa es la estrategia de Occidente en la guerra de Ucrania, la reacción, mediante la aplicación de severas sanciones económicas contra Rusia, así como el encapsulamiento del conflicto dentro de las fronteras de Ucrania, con la esperanza de que no involucre accidentalmente a las fuerzas de la OTAN, lo que, desencadenaría la Tercera Guerra Mundial.

Los problemas de la estrategia de Occidente son los siguientes:

Primero, el efecto de las férreas sanciones económicas contra Rusia no se percibe en toda su dureza de manera inmediata.

Segundo, estas medidas económicas también dañan con severidad las economías de los países occidentales, particularmente a los europeos, y no es lo mismo mantener el orden interno en una autocracia (en la que se pueden tomar medidas tales como la Ley Marcial y el Estado de Sitio para controlar a la población, así como llevar a cabo medidas económicas como la nacionalización de las empresas, empezando por las occidentales que han abandonado Rusia, o pagando su deuda externa en rublos a "países hostiles") que en las democracias, con poblaciones muy poco acostumbradas al sufrimiento, con elecciones cada dos años, con partidos populistas en la oposición o en los propios gobiernos, y con libertad de expresión en los medios de comunicación y redes sociales (el advenimiento de la red social de Donald Trump, "TRUTH", y la participación de este último en las elecciones de los distintos estados este 2022, junto con las elecciones legislativas, los Midterms, de final de año, puede ser un detonante brutal en la ya de por sí polarizada sociedad norteamericana). En suma, que las sanciones económicas pueden desembocar en un duelo de resistencia entre una economía rusa ya débil de por sí, y ahora abocada a la depresión económica, pero con las ventajas internas que otorgan los gobiernos autocráticos y las ayudas encubiertas de China, y unas economías occidentales, muy debilitadas desde 2008, y ahora abocadas a la recesión, que cuentan con intereses nacionales indefectiblemente fraccionados entre los diversos estados, que deberán enfrentarse en las urnas a la frustración y la inseguridad económica de sus poblaciones, polarizadas desde medios de comunicación libres, y que dependen aún más que Rusia de una economía globalizada y de unas cadenas de suministro que pueden romperse muy pronto.

Tercero, que Rusia ya tenía previstas las sanciones económicas, aunque no esperara una dureza semejante, y ha llevado a cabo medidas desde 2014 para amortiguar el golpe, además de, por el momento, beneficiarse del alza de los precios del gas, del petróleo, del oro y del cadmio, y muy probablemente, beneficiarse de la ayuda encubierta de China para disminuir el impacto de las sanciones.

Cuarto y último, el previsible y próximo "default" de la economía rusa, que se calcula hasta tres veces superior al que sufrió en 1998 y que llevó a la dimisión de Boris Yeltsin como Presidente y la inesperada llegada al poder del Sr. Putin el 31 de diciembre de 1999, podría, por una parte, arrastrar al abismo a las economías occidentales, ante el impago ruso, y por otra parte, arrinconar de forma irremisible, tanto a Rusia como al propio Putin, que llevaría a este último a emprender acciones desesperadas, como el uso de armas nucleares (inicialmente, armas nucleares tácticas, que usaría de manera disuasoria en escenarios irrelevantes, pero con el peligro de que acabe en una escalada de ataques nucleares entre ambos bandos) en un esfuerzo por llevar a cabo una "desescalada" en la guerra económica con Occidente, o en la propia guerra militar en Ucrania, en una huida hacia delante, provocando, con bastantes probabilidades, el inicio de la Tercera Guerra Mundial, la cual, podría desembocar en un Guerra Nuclear, a pesar de los intentos por ambas partes de evitar la escalada nuclear, manteniendo exclusivamente la guerra con armas convencionales, pero con muy pocas garantías de éxito.

En resumen, la diferencia de estrategias entre ambos bandos, particularmente, en lo que concierne al ámbito de llevar la iniciativa en las hostilidades, así como las probabilidades de una huida hacia delante de un Putin acorralado bien en lo económico, bien en lo militar, otorga una ventaja inicial competitiva a Rusia, que no veo haya sido superada hasta la fecha por Occidente, a pesar de que coincido con el discurso del Presidente Biden del 11 de marzo cuando decía que, hasta la fecha, Putin ha fracasado, pues esperaba dominar Ucrania sin necesidad de tener que luchar, y ha fracasado; esperaba debilitar a la OTAN, y ha fracasado; y esperaba dividir a las democracias de Occidente, y ha fracasado.

No obstante, mi lectura del momento crítico actual es que aún no hemos abordado en toda su profundidad los posibles escenarios de la guerra en Ucrania y, sobre todo, sus más que probables nefastos desenlaces.

Pues, ya decía Lorca que la vida no es "ni buena, ni noble, ni sagrada”; o, al menos, eso es lo que piensan algunos que tienen todas las comodidades de la vida aseguradas en sus búnkeres, mientras pueden dedicarse a los juegos de estrategia en el Tablero del Mundo, manchándolo obscenamente con la sangre de seres humanos de verdad. Y eso es lo que realmente me preocupa.

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