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¿Puede China proteger su economía del impacto del COVID-19?

¿Puede China proteger su economía del impacto del COVID-19?
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domingo 26 de abril de 2020, 13:43h
Debido a la actual pandemia de coronavirus (COVID-19) y su impacto en la economía global, es poco probable que China pueda lograr su objetivo de crecimiento para 2020. Coface pronostica una tasa de crecimiento del 4% para la economía china en 2020. id:57880
La actividad económica en China podría desacelerarse más rápido de lo esperado este año y perder el objetivo de crecimiento del Partido Comunista de China (PCCh) de 5.6%. En los últimos meses, la economía china se ha enfrentado múltiples obstáculos, como las consecuencias de la guerra comercial con los Estados Unidos, así como factores estructurales y la situación demográfica del país (el 15% de la población china tiene más de 65 años). En este contexto, la pandemia del COVID-19 es un shock adicional que se sumará significativamente a los desafíos existentes.

El objetivo de crecimiento del 5,6% es un umbral clave para China y el partido lo considera un nivel "moderadamente próspero". China define este objetivo como una duplicidad de las cifras de ingreso nominal per cápita de 2010. A pesar de las circunstancias actuales, el PCCh espera lograr este objetivo antes de su centésimo aniversario en julio de 2021.

En esta etapa, el gobierno parece seguir confiando en cumplir con los requisitos para 2020. Sin embargo, es más probable que este objetivo deba posponerse hasta 2021. La propagación del COVID-19 en todo el mundo, especialmente a los mercados clave para China como Europa y América del Norte (30% de sus exportaciones), arrastrarán la actividad económica china este año.

Se espera un aumento en las insolvencias corporativas, a pesar de las fuertes medidas de las autoridades para limitar el shock

Las autoridades chinas han tomado medidas para compensar el impacto de la pandemia en la economía. Por ejemplo, el Banco Popular de China (PBOC) se ha centrado, hasta ahora, en medidas más prudentes y específicas, como los recortes de tasas de interés. A pesar de la flexibilidad adicional que permiten estas decisiones, China tendrá que recurrir a una flexibilización monetaria y fiscal agresiva si quiere gestionar la estabilización de su economía.

A diferencia de 2009, hay menos margen de maniobra. En particular, las reservas de divisas no son suficientes para cubrir las salidas, lo que ejerce presiones a la baja sobre el Yuan.

En el frente fiscal, las inversiones adicionales en las infraestructuras destinadas a compensar el impacto se sumarán al endeudamiento local, lo que dará lugar a presiones sobre el sector bancario ya extendido y las corporaciones altamente endeudadas. En este contexto, cabe esperar un aumento de los impagos de bonos e insolvencias corporativas, acompañado de esfuerzos de reestructuración bancaria.

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