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Barómetro de Riesgo Coface

COVID-19, hacia un auge global repentino de las insolvencias corporativas
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COVID-19, hacia un auge global repentino de las insolvencias corporativas

viernes 17 de abril de 2020, 20:00h
Al principio, la epidemia del COVID-19 sólo afectó a un número limitado de cadenas de valoren China – pero se ha acabado convirtiendo en una pandemia global cuyas repercusiones han creado un doble shock – de suministro y de demanda – que está afectando a un gran número de industrias en todo el mundo. id:57567

La singularidad de esta crisis hace que las comparaciones con crisis anteriores sean inútiles, ya que todas ellas tuvieron un origen financiero (la crisis global de 2008-09 o la gran depresión de 1929). La pregunta ya no es qué países y sectores de actividad se verán afectados por este shock, sino ¿cuáles serán los pocos que se salvarán?

Este shock podría ser aún más violento para las economías emergentes: además de la pandemia, que será mucho más difícil para ellas, dichas economías se enfrentan a la caída del precio del petróleo, así como a una fuga de capitales que se ha multiplicado por cuatro respecto a los niveles de 2008.

En este contexto, Coface prevé para 2020 la primera recesión de la economía global desde 2009, con una tasa de crecimiento de -1.3% (tras 2,5% en 2019). Coface también pronostica una recesión en 68 países (frente a los 11 del año anterior), una caída del comercio mundial de 4,3% para este año (tras una caída de -0.4% en 2019), y un aumento de las insolvencias corporativas en todo el mundo de 25% (frente al pronóstico del pasado mes de enero que se situaba en el 2%).

El mayor incremento de las insolvencias corporativas desde 2009: previsión de un 25% para 2020

El riesgo de crédito de las empresas será muy elevado, incluso en el mejor de los escenarios, que prevé un reinicio gradual de la actividad económica en el tercer trimestre del año, excluyendo la hipótesis de una segunda ola de coronavirus en el segundo semestre de 2020.

Esta tendencia afectará tanto a Estados Unidos (+39%) como a las principales economías de Europa Occidental (+18%): Alemania (+11%), Francia (+15%), Reino Unido (+33%), Italia (+18%) y España (+22%). Este shock será aún más violento para las economías emergentes: además de hacer frente a la pandemia, que será más difícil para ellas, sufrirán la caída de los precios del petróleo, así como una fuga de capitales cuatro veces mayor que en 2008.

Caída del volumen del comercio mundial internacional por segundo año consecutivo y una posible modificación de la estructura del comercio entre los países

Los riesgos que pesan sobre la previsión de una desaceleración del 4.3% en el volumen del comercio mundial en 2020 son a la baja, porque los anuncios sobre los cierres de fronteras no se consideran en el modelo de previsión de Coface (basado en el precio del petróleo, los costes del transporte marítimo, la confianza de las empresas del sector industrial en Estados Unidos y las exportaciones coreanas como variables explicativas).

En el largo plazo, la crisis del COVID-19 podría tener también consecuencias en la estructura de las cadenas de valor globales. De hecho, la principal fuente de vulnerabilidad de las empresas, en el contexto actual, es su gran dependencia de un número reducido de proveedores, localizados en unos pocos países. Por lo tanto, aumentar el número de proveedores para anticipar las potenciales rupturas en las cadenas de suministro es ahora una prioridad para las empresas.

Una mayoría de los sectores afectados, con algunas excepciones

Para las empresas, las repentinas medidas de confinamiento social adoptadas por los gobiernos en más de 40 países para evitar la propagación del COVID-19, que afecta a más de la mitad de la población mundial, han tenido consecuencias inmediatas.

Estos confinamientos se traducen en un shock de la oferta sin precedentes, ni siquiera en las grandes crisis anteriores. El shock inicial no se debe a una crisis financiera, sino a la economía real, dado que las personas no pueden acceder a sus lugares de trabajo y las empresas sufren disrupciones en las cadenas de suministro de bienes intermediarios.

El turismo, la hostelería, la restauración, el ocio y el transporte han sido golpeados duramente, así como la distribución especializada y la mayoría de los sectores industriales (excluido el agroalimentario). Otros sectores de servicios se han visto mucho menos afectados: telecomunicaciones, agua, saneamiento, entre otros.

A este shock del suministro se suma un shock igualmente brutal de la demanda. Muchos consumidores están suspendiendo o posponiendo sus gastos en bienes y servicios. Por su parte, la confianza de los hogares se ve debilitada por el impacto del confinamiento.

Los bienes de consumo durables, como los automóviles, se encuentran probablemente entre los más afectados. Otros gastos, como el textil y los productos electrónicos, son susceptibles de ser reducidos casi a cero.En el otro extremo, el consumo de productos agroalimentarios y farmacéuticos se beneficiará de esta situación excepcional.

Las consecuencias políticas de la pandemia

La consecuencia más obvia de la pandemia a corto plazo es el deterioro de las tensiones geopolíticas ya existentes.

El riesgo de una nueva ola de medidas proteccionistas, dirigidas particularmente a los sectores clave del nuevo orden sanitario y económico (limitación de las exportaciones de productos agroalimentarios y/ o farmacéuticos, considerados vitales) no se puede descartar. La continuación de la "guerra comercial" entre China y Estados Unidos, dirigida a sectores estratégicos, en particular la electrónica, también sigue siendo una posibilidad, exacerbada en el contexto de la campaña presidencial en Estados Unidos y en el caso de un aumento de las protestas sociales en alguno de estos dos países.

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